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Barrio Arroyo
Una de las viviendas deshabitadas en el barrio de Arroyo. Foto: C. Chávez

Barrios fantasma en Valladolid

La provincia cuenta con un 25% de casas desocupadas esporádica o permanentemente
C. Chávez
Valladolid

A pesar de que Valladolid en la última década o perdió población o la mantuvo a duras penas, la construcción de nuevas viviendas siguió creciendo, ajena a las necesidades reales, creando un panorama fantasmagórico que, unido al aumento de personas sin hogar, por desahucios u otras causas, es además absurdo.

Todo un paisaje de esqueletos de hormigón, portales vacíos, calles sin alumbrado, residencias sin movimiento, salpicado por descampados, se abre en los márgenes de la ciudad, lejos de la vista de la mayoría de las personas, pero ahí, como las ruinas contemporáneas de nuestra civilización.

Hasta el estallido de la burbuja inmobiliaria en 2008, los pisos nuevos proliferaban como las piedras, pero el número de casas que se iban quedando vacías era mayor. De hecho, según el estudio “El fenómeno de las viviendas desocupadas”, dirigido por el profesor Julio Vinuesa, de la Universidad Autónoma de Madrid, realizado en 2008 para el Ministerio de Vivienda, la provincia de Valladolid “representa uno de los ejemplos más extremos de crecimiento de la vivienda desocupada, con un aumento anual entre 1991 y 2001 del 3,29 por ciento”.

El último censo de población y vivienda del Instituto Nacional de Estadística (INE), cuyos datos provisionales salieron a la luz el pasado 18 de abril, va en esa línea y revela que el número de casas vacías en la provincia ascendía a 36.319 y el de viviendas secundarias, a 35.794, es decir, conjuntamente, un 25 por ciento del total de las 287.951 casas.

En España, hay algo más de 25 millones de viviendas, de las cuales casi un 28 por ciento están desocupadas, bien permanentemente, consideradas vacías, bien casi todo el año, consideradas segundas residencias. Castilla y León, además, es la séptima Comunidad de España con mayor acumulación de viviendas secundarias, un 11,5 por ciento del total nacional, lo cual resulta llamativo, pues no se trata de un destino turístico como Valencia o Murcia. Sin embargo, es lógico pues este incremento de espacios desocupados se debe, según los expertos, al abandono de población, debido a la falta de expectativas vitales en nuestra región y a la inacción política.

En cuanto al número de vacías, Castilla y León vuelve a estar entre los primeros puestos del total nacional, sumando el 7,5 por ciento de toda España.

La importancia de definir que es “vacía” y “secundaria”

La diferencia entre vivienda vacía y secundaria es importante y es ahí donde surgen las discrepancias y dificultades al hacer valoraciones. Teniendo en cuenta el papel esencial que tiene la propiedad inmobiliaria en nuestro sistema económico, apenas nadie ha querido definir en profundidad estos conceptos. Desde luego, no lo ha hecho ningún Ministerio y tampoco el Ayuntamiento de Valladolid. Ni siquiera el INE da una idea clara, puesto que con que una persona pasara un día al año en una vivienda, ésta sería considerada secundaria y no desocupada, tal y como afirma el profesor Vinuesa.

Sin embargo, el Consistorio de Sevilla sí realizó una definición en 2007 interesante. Una vivienda estará desocupada de manera permanente si no es la residencia habitual de su propietario o de algún familiar suyo, si no es objeto de algún tipo de explotación económica y si no está cedida en alquiler.

Encuadrar el concepto de esta manera ha servido para que, aunque tímidamente, algunos organismos oficiales, hayan empezado a expresar la injusticia que supone el hecho de que las personas se queden en la calle cuando hay casas para todos. El asunto no es algo sin importancia, pues el tener una casa es un derecho de rango constitucional, algo que no se respeta, pero también es una urgencia para los miles de ciudadanos que han perdido su hogar.

En cualquier caso, a juicio de todos los analistas, el crecimiento de los pisos desocupados esporádica o permanentemente ha sido excesivo en los últimos años, algo que, como ya hemos visto, ha hecho estallar el sistema económico español al completo y, ahora, está dibujando un panorama esperpéntico de personas sin casa y casas sin personas.

Recientemente, el consejero delegado de Analistas Financieros Internacionales (AFI), Ángel Berges, dijo que la banca, poseyendo tantas propiedades inmobiliarias, tardaría casi medio siglo en quitarse de encima esos activos, considerados tóxicos precisamente por la dificultad para ser vendidos y por la pérdida de valor que, consiguientemente, sufren.

Arroyo, la ciudad fantasma por excelencia

Durante estos años, el crecimiento relativo, o sea en proporción a los habitantes, del número de viviendas en la provincia de Valladolid entre 2001 y 2011, fue de casi un 23 por ciento. Arroyo de la Encomienda, sumido en varios procesos de corrupción política y empresarial a cuenta de la construcción, se lleva el cuarto puesto de toda España, habiendo construido en la última década casi un 400 por cien más.

Es en esta localidad, donde la imagen fantasmagórica de moles de ladrillo vacías se hace tremendamente corpórea. Para darse cuenta de ello, en realidad, no hace falta bucear entre números sino salir a dar una vuelta y fijarse en los edificios, no solo de esta localidad sino de Valladolid. Por el centro es raro caminar por una calle y no ver una casa abandonada. De hecho, según el profesor Vinuesa, cerca del 40 por ciento de los pisos construidos antes de 1961 están vacíos. Y si salimos a esos nuevos barrios que en los últimos seis años proliferaron, el panorama no es mucho mejor.

El padrón del INE indica que en la capital hay un total de 158.168 viviendas, de las cuales casi un 18 por ciento están vacías o desocupadas la mayor parte del año. La Ciudad de la Comunicación, Los Santos o el Pinar de Jalón son algunos de los nombres de promociones que en los últimos años en Valladolid ayudaron a hinchar aun más la burbuja. La imagen desértica, en algunos casos a medio acabar, de estas zonas, con apenas infraestructuras y servicios básicos parece más sacada de una película de catástrofes, al estilo de la La Carretera, que de una de esas imágenes de la prosperidad publicitaria con las que se anuncian estos barrios nuevos.

Casas vacías y personas sin casa

Este panorama contrasta violentamente con los datos aportados por la organización Cáritas en su informe de 2012 sobre el impacto de la crisis en la población, en el que demuestra que en 2009 un 20 por ciento de la población de España carecía de toda posibilidad de tener una vivienda, ni siquiera alquilada. También este cuadro se revela como un sinsentido para esas 150.000 familias que, según los datos del Consejo General del Poder Judicial (diciembre de 2011), han sido desahuciadas en ese último año.

Mientras, los poseedores de la mayor parte del stock de pisos por ocupar (bien para venderlos, bien para alquilarlos) son actualmente los bancos y las cajas, gracias al aliento que dieron las entidades financieras a la burbuja inmobiliaria y a la constante política de desahucios que llevan ante los impagos hipotecarios. Según un informe del Ayuntamiento de Valladolid de enero de este año, más del 30 por ciento de los pisos que aun están por vender pertenecen a bancos y cajas y el resto, a promotores o inmobiliarias que, en cualquier caso, dependen de la financiación bancaria.

En este contexto, similar en otras regiones, las recientes ocupaciones de edificios abandonados y vacíos por parte de colectivos sociales en Madrid, Barcelona, Sevilla y otras ciudades españolas demuestran la situación de necesidad extrema en la que se encuentran cada vez más personas, causada, en parte, por la práctica especulativa en la que en los últimos 15 años se convirtió el derecho fundamental a la vivienda, recogido en la Constitución.

Esta semana, en Sabadell, los integrantes de la Plataforma Antidesahucios, se hicieron, a través de una subasta, con un edificio que llevaba vacío más de cuatro años, propiedad de Caixa Penedés, con el objetivo de realojar a familias sin hogar. Ya van ocho edificios en toda España que han sido “liberados”, como dicen los activistas.

Con este tipo de acciones se busca, en primer lugar, dar un techo a aquellos que lo han perdido y, en segundo lugar, sacar pisos del circuito especulativo bancario a través de estrategias de autogestión y organización autónoma, mostrando por contraste la cara oscura del sistema. Como explican en su página web: “Hoy ya nadie duda de que la patronal bancaria y los gobiernos cómplices nos han llevado a una estafa generalizada y a la emergencia habitacional. Nada es casual: ni la apuesta por el sobreendeudamiento familiar y la propiedad como forma de acceder a la vivienda, ni una ley hipotecaria injusta que condena a la calle y con una deuda de por vida a los hipotecados, ni los más de 400.000 desahucios, ni los rescates bancarios, ni los seis millones de viviendas vacías (el 20 % del parque de vivienda del Estado), ni que la vivienda social no llegue ni al 3% del parque de existente”.

 

 

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