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 Alicia García Santos, Neus Garriga y Jaume Martínez Bonafé. Foto: L. Fraile
Alicia García Santos, Neus Garriga y Jaume Martínez Bonafé. Foto: L. Fraile

El barrio Belén: un lugar acogedor, vivo y cambiante

Así definen Gloria Chaves, Rafael Valdivieso, Marian Polo y Yolanda Torres al barrio Belén, un lugar que este fin de semana han acercado hasta Barcelona para compartir las iniciativas que promueven en su seno
Laura Fraile
Barcelona

Gloria, Rafael, Marian y Yolanda, representantes de la Asociación Vecinal 24 de diciembre e integrantes de los grupos Vivir Belén y Belén Joven, así como del Grupo de Comunicación, han acudido este fin de semana a Barcelona para presentar estas iniciativas dentro del III Encuentro de Experiencias Transformadoras, un evento que ha sido organizado por la asociación Entrepueblos.

Gloria, una periodista colombiana que lleva quince años viviendo en el barrio, empezó a involucrarse en la asociación hace un año y medio, aunque reconoce que sus vínculos con este espacio de participación ciudadana comenzaron en el año 2000, momento en el que ella impartía cursos de formación sobre resolución de conflictos y habilidades sociales. Hace un año y medio Gloria empezó a colaborar en el proyecto Vivir Belén, una propuesta de organización basada en las potencialidades de la gente que hay en el barrio que busca tenderles un espacio abierto a que compartan qué es lo que pueden ofrecer al barrio. Ella misma pone este ejemplo: “Hay mucha gente que entiende cómo debería funcionar urbanísticamente el barrio Belén, que tiene su opinión sobre cómo deberían estar las calles o los parques, y que puede involucrarse en un proyecto como el Man-urbe (mantenimiento urbano), desde el que se pueden detectar los problemas, denunciarlos y ponerlos en conocimiento de quien corresponda a través del envío de cartas”.

El proyecto Vivir Belén nació en marzo de 2011, momento en el que fue impulsado por un grupo de quince personas de la asociación al que se unió gente de la Universidad, de los Servicios Sociales y de otras entidades del barrio como la parroquia, el CEAS o el Consejo Social. El objetivo principal de esta iniciativa fue el de promover la participación de la gente del barrio en los problemas de su entorno mediante un análisis y la puesta en marcha de proyectos para solucionarlos, aunque canalizados a través de un coordinador y de un grupo de gente encargada de llevar a cabo esta tarea. “Es como una fábrica. Hay un equipo técnico que se encarga de poner en marcha proyectos bajo la personalidad jurídica de la asociación de vecinos. Hay un grupo de gente que se reúne esporádicamente. A veces el análisis fructifica en un proyecto y otras no”, explica Rafael.

Actualmente hay varios grupos: el de mayores (llamado Man-urbe y dedicado a las mejoras del urbanismo), el grupo Belén no se para (integrado por una serie de personas en situación de desempleo) o el grupo de Comunicación Belén pide paso (que sirve para dar visibilidad a lo que se va haciendo), a lo que hay que sumar otro proyecto, Belén sano, que está destinado a la promoción de la salud aunque está pendiente de que surja un grupo de trabajo.

Belén joven surgió hace siete años. Su origen partió de un taller de Cuentacuentos, destinado a chavales de 3 a 6 años, que tuvo continuidad cuando éstos se fueron haciendo mayores gracias a la colaboración de un grupo de padres y madres. Éstos fueron ejerciendo como monitores e impulsores de un ocio familiar compartido que, viernes tras viernes, se fueron reuniendo con los chavales. Poco a poco se fueron sumando más niños, lo que dio lugar a seis grupos estructurados según los ciclos educativos: el de los benjamines (de 6 y 7 años), alevines (de 8 y 9), infantil (de 10 y 11 años), cadetes (12 y 13 años), juveniles (14 y 15) y mayores (de 16 a 18 años). Actualmente se atiende a 90 chavales del barrio a través de 20 monitores que son voluntarios (muchos de ellos, además, son padres y madres).

A partir de ahí, según resumen Yolanda y Marian, ha surgido un cine forum, un punto de encuentro para los sábados que está situado en la calle Epifanía y que está constituido como un espacio de ocio no dirigido, se hacen salidas familiares, hay talleres de danza del vientre, se ha formado un grupo de padres y madres que comparten actividades de ocio y que sirven de apoyo al Belén joven, hay una Escuela de Padres, existe un grupo de teatro….

Gloria Chaves, Rafael Valdivieso, Marian Polo y Yolanda Torres, que han estado presentando esta tarde estas experiencias en este III Encuentro de Experiencias Transformadoras, enfocaron su presentación guiándose en una serie de puntos: su trayectoria, la motivación para poner en marcha esta iniciativa, el análisis de los momentos más significativos vividos, las oportunidades externas e internas que les han llevado a avanzar, los obstáculos, las innovaciones incorporadas, así como los elementos de transformación de su experiencia tanto a nivel individual como de grupo y del entorno.

“Lo más significativo es la gente nueva que se ha incorporado y el descubrimiento de la capacidad del grupo. Nos ha servido para mostrar un modelo distinto de participación frente al tradicional, en el cual se puede participar con lo que cada uno es y con lo que cada uno tiene, aprovechando lo que cada cual conoce”, reconocía Gloria. “Este proceso está más especializado que una participación general en una Junta Vecinal colectiva. Aquí cada cual participa en lo que más le gusta”, apuntaba en cambio Marian.

Los cuatro integrantes de este proyecto también aludieron a algunos obstáculos, destacando uno especialmente: la falta de espacios donde poder desarrollar sus actividades. Según afirman, el local en el que están ubicados actualmente, que está situado en la calle Epifanía 4-6, se les queda pequeño. “Allí se juntan dos grupos pero necesitamos pedir otros espacios como el CEAS, la JOCE, el gimnasio del Jacinto Benavente o los locales de la parroquia”, apunta Yolanda. Otro problema que tienen es que no todo el mundo participa. Aunque en el grupo de Vivir Belén hay alrededor de doce personas y a pesar de que ya se ha llegado a mucha gente (hay momentos en los que se han llegado a incorporar 70 personas), falta más gente. “No todos tienen la disponibilidad”, se lamentan.

Este III Encuentro de Experiencias Transformadoras comenzaba esta mañana con un par de preguntas a las que se pretende dar respuesta durante estos tres días: ¿qué queremos como educación crítica y transformadora?, ¿cómo podemos construir una sociedad en la que todos podamos participar? La participación de 16 experiencias que se están llevando a cabo dentro de todo el estado y la asistencia de 150 personas que se han inscrito anunciaban una buena vía para llegar a las múltiples respuestas posibles.

Algunas pistas dieron ya Alicia García Santos y Jaume Martínez Bonafé, quienes se encargaron de inaugurar el encuentro a partir de una charla llamada `Los desafíos de la educación para la sostenibilidad de la vida´. Alicia, que es activista en temas de feminismo y decrecimiento, y que ejerce como consultora en temas de igualdad, apostaba por incorporar dos enfoques para llegar a esta sostenibilidad. Uno de ellos era el medioambiental. “Esta vía está relacionada con el hecho de que los seres humanos somos ecodependientes, ya que dependemos de los aportes de la naturaleza y no podemos subsistir fuera del medio que nos acoge. Debemos ser conscientes de que no podemos crecer de forma ilimitada en un planeta finito, aunque la receta de la clase política ante la crisis pasa por ignorar esta realidad. Su consigna es apostar por el crecimiento como talismán frente a todos los problemas”, indicaba esta burgalesa.

El segundo enfoque apostaba por la interdependencia. “Los seres humanos somos interdependientes. No podemos crecer sin la ayuda de otros seres humanos. Vivimos en un sistema que tiende a ignorar que la vida humana es precaria, inestable y que necesita de cuidados para seguir adelante. Se dice que es en el mercado donde se satisfacen nuestras necesidades, pero hay un trabajo invisible en el hogar, a través del trabajo de cuidados, sin el que no habríamos logrado alcanzar la vida adulta. Para que una parte de la población salga a trabajar, es necesario que otra haga las tareas que hacen de soporte a esta producción: preparar alimentos, dar un soporte afectivo y emocional… Éstas suelen ser tareas invisibles, feminizadas y privatizadas”, añadía más tarde.

A continuación Alicia propuso algunos retos tendentes a construir una sociedad que ponga de nuevo la vida en el centro, todos ellos asumibles de forma colectiva. “Debemos llevar la democracia a la economía, reconceptualizar lo que entendemos por trabajo, reducir drásticamente el tiempo de trabajo mercantilizado, desmercantilizar la satisfacción de necesidades e incorporar lógicas como el autoconsumo, la reciprocidad, el intercambio o el don… También debemos equilibrar nuestro saldo de cuidados y desnaturalizarlos como algo que se piensa que es una tarea natural de las mujeres”, terminaba apuntando durante su intervención en el Auditorio de la Fundació Esplai del Prat de Llobregat.

Después intervino Jaume Martínez Bonafé, que es profesor de Didáctica de la Universidad de Valencia y fue uno de los fundadores de los Movimientos de Renovación Pedagógica de la Comunidad Valenciana. Éste optó por lanzar cinco propuestas. La primera de ellas fue la necesidad de establecer una educación que parta del sujeto, de las biografías. “Hay que volver a recuperar su presencia en el aula, el derecho a la asamblea, a construir desde lo que cada uno somos”, indicaba.

También apostó por una educación emancipatoria. “Ésta debe enseñarnos a leer críticamente la realidad, dar libertad, permitir crecer, hacernos tener más capacidad para decir desde mí y no desde lo que otros quieren que diga”. Se sumarían una educación pública y popular “decidida, discutida y desarrollada por el pueblo”. “La educación no es sólo un servicio público, es algo que parte del deseo o de la posibilidad de que el pueblo pueda pronunciarse y construir desde sí mismo”, apuntaba Jaume.

Asimismo, se trata de apostar por una educación situada y entrañada, en el sentido de que “nace de nuestras entrañas, en nuestro territorio, que construye desde su memoria. Esto implica hacer un reconocimiento de las biografías, de la historia, de las diferentes memorias”, indicaba más tarde. Para terminar, este profesor lanzó un llamamiento encaminado a poner en práctica una educación de/en la ciudad que se plantee cómo es un urbanismo social, cómo se genera la distribución del espacio o qué tipo de lecturas pueden hacerse de las plazas desde el ecologismo social o desde el feminismo.

Jaume culminó su intervención con una invitación a la desobediencia, aunque siendo consciente de algunas dudas que pueden surgir en el camino, concretadas en dos preguntas: ¿con qué saberes? y, por qué no, ¿con qué estrategias? “Las verdades siempre son múltiples, deben estar escritas en minúscula y plural, requieren de un análisis del discurso. Hay que poner en crisis la epistemología: qué conocemos y cómo lo conocemos, así como qué es lo que nos impiden poder conocer”, concluía más tarde.

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