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Luis de Frutos presentará este libro durante este viernes por la tarde en el Teatro Canterac. Foto: L. Fraile
Luis de Frutos presentará este libro durante este viernes por la tarde en el Teatro Canterac. Foto: L. Fraile

Luis de Frutos recoge cien años de historia de las Delicias en su nuevo libro

Recién publicada por la editorial Elefantus Books, esta obra se centra en los años que transcurrieron de 1860 a 1960, un periodo marcado por la llegada del ferrocarril
Laura Fraile
Valladolid

Los cuatro hermanos Blanco, las Casas de Gago, don Deogracias, el Señorito, el molino de Caamaño, Alipendi, el Turco de Villa Gabriela, la Pascuala, el cine Delicias, la Emperadora o Paco Calle van apareciendo por `Barrio de las Delicias´, el último libro del vallisoletano Luis de Frutos, una obra que este autor presentará este viernes a las 19 horas de la tarde en el Teatro Canterac.

Luis, que vivió en este barrio durante cuarenta años de su vida, ofrece con esta nueva obra un recorrido por cien años de su historia. Concretamente, los que van de 1860 (fecha que corresponde a la llegada del ferrocarril) a 1960 (momento en el que comenzó el uso extensivo del automóvil). Este autor, que en el año 2001 publicó el libro `Las Delicias, mi historia del barrio´, ha preferido en esta ocasión profundizar de una manera más literaria en muchos de los personajes que habitaron este barrio, dando forma a una obra muy cercana que recupera los recuerdos de una generación obrera, que en muchas ocasiones vivía en casas molineras y que asistía a las verbenas del Carmen.

El primer capítulo de este libro se acerca a sus primeros habitantes, unas personas vinculadas a los oficios relacionados con la llegada del ferrocarril, lo que provocó que muchos ferroviarios se instalaran en el barrio de San Andrés. "Empezaron a ubicarse en calles estrechas que pronto se saturaron y ante las que el Ayuntamiento de la época no tomó ninguna medida constructiva, así que cada cual se construía las casas a su aire, usando adobe. En un primer momento no había ni alcantarillado ni luz eléctrica. Por otro lado, los maquinistas llegados de Inglaterra o Suiza y los jefes de estación, llegados de Francia, se empezaron a instalar en un edificio del barrio destinado a que vivieran cuarenta familias", comienza explicando Luis.

Su libro continúa con una veintena de capítulos dedicados a los cuatro hermanos Blanco, que por aquel entonces se dedicaban al pillaje, o al molino de Caamaño, una construcción vinculada a un industrial de Burdeos llamado Julio Touchard que se instaló en Valladolid, donde también montó una fábrica de resinas. También incluye la historia de la capilla del Carmen, un punto de reunión que el próximo 1 de enero de 2015 cumplirá el primer centenario de su conversión en parroquia.

Los textos de este libro están acompañados de fotografías de la época, muchas de ellas extraídas del Archivo Municipal, por donde van apareciendo un baile en un patio, una vista del Cerro de San Cristóbal, la plaza del Carmen, unos parroquianos del bar Rosina, la puerta del cine Delicias o un grupo de aprendices ferroviarios. Junto a ellas Luis ha dedicado unas líneas a casos como el del "misterioso ciego de la Casa Grande", un personaje que vivió en una casa donde dicen que estuvo alojada la amante del responsable del crimen de Canterac y hasta donde llegó un ciego que contaba historias. "Este hombre, según pudieron comprobar después, no era invidente sino un tahúr profesional pendiente de ir a prisión si no pagaba sus deudas contraídas", aclara el autor de este libro. Luis también escribe sobre "el milagro de los fogoneros", que no era nada más y nada menos que un rumor que corría entre los afectados por tuberculosis que decía que, si éstos se acercaban a tomar baños de vapor de los trenes, sanarían de su mal. Esta técnica, por cierto, no casaba bien con las recetas del médico Rigoberto Cortejoso, quien prefería recetar estreptomicina comprada en el bar Perico Chicote de Madrid.

En `Barrio de las Delicias´ de Frutos recoge también la historia de La Pascuala y las Casas de Gago, aludiendo a una mujer con múltiples oficios (se cuenta que era planchadera, empleada de la fábrica de papel de fumar Zig-Zag y comadrona) que, al saber que una vivienda de esta casa se iba a quedar libre, decidió hacer guardia ante su puerta para ser su próxima inquilina. Más adelante, en otro capítulo llamado `Los cuatro puntos cardinales´, Luis recupera a un barrendero, un cantante, un enterrador y un cartero (apodados así porque cada uno vivía en un extremo del barrio) que diariamente se citaban a las 18 horas en el Rosina para comer "arenques y bacalao crudo y beber unos porrones de tinto tan espeso que casi se masticaba". Allí echaban la tarde jugando a la partida aunque, eso sí, siempre hasta las 21 horas.

Dos ejemplos más pueden servir para hacerse una idea de los personajes de la época. Uno de ellos figura en el capítulo `Alipendi, el hombre que multiplicaron por cero´, en el que Luis se aproxima a la historia de un vecino del barrio dotado de una gran habilidad para el cálculo matemático que acabó en la cárcel por haber llevado un lapicero rojo de carpintero en el bolsillo superior de su mono azul. "Lo llevaba en el momento en el que pasaba por su lado una camioneta desde la que le acusaron de llevar un distintivo distinto al yugo y las flechas. Por ese motivo le acusaran de rebelión militar y le condenaran a veinte años", comenta Luis al respecto. Otro de los personajes incluidos en esta obra es "el hombre del sombrero del cine Delicias", un caballero que siempre se sentaba en la butaca número 1 de la primera fila de este cine que, por cierto, se inauguró un sábado 3 de marzo de 1956 con `El rey de la carretera´, una película protagonizada por Juanito Valderrama.

Para escribir este libro, Luis de Frutos ha revisado archivos y hemerotecas, pero también ha hablado con multitud de vecinos y vecinas del barrio. Reproducir aquí esta lista sería impracticable, aunque según dice hay tres personas de las que quiere dejar constancia. Una de ellas es Antonio Merino Cadenato, que en su día era el organizador de las verbenas del Carmen. La otra es Teodoro Gómez Esteban, panadero de `El Fiel´. La tercera es Alejandro Gutiérrez Montenegro, el `Tinati´, un apodo (mal) acuñado por su padre al saber que éste había nacido el mismo día que se hundió el Titanic.

Este libro, que acaba de ser publicado por la editorial vallisoletana Elefantus Books, se presentará este viernes 11 de julio a las 19 horas de la tarde en el Teatro Canterac (Paseo Juan Carlos I, 20). Ese día habrá ejemplares a la venta (la obra tiene un coste de 15 euros), aunque también puede comprarse en las librerías Maxtor (c/Fray Luis de León 20), la papelería Urbana 24 (c/de Canterac 20), la librería Javier (c/General Shelly 21), la librería Jesús Lesmes (c/General Shelly 17) y la librería Sauce (c/Mariano Miguel López 24).

 

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