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Mike Terry durante el concierto en la Taberna Morgan.

Mike Terry aportó sus canciones al vermú del sábado en el Morgan

Presentó en crudo acústico, sin amplificación alguna, y en solitario los temas de su primer disco “El canto del Cisne”.
Jorge Ovelleiro
Valladolid

Las canciones del joven músico vallisoletano pusieron el arte al vermú de este sábado en la Taberna Morgan. En solitario y desenchufado, formato que a fuerza de años de resistencia en el panorama local y sus limitaciones se ha convertido en el más habitual de este peculiar músico. Porque es cuanto menos peculiar encontrarse a un joven conocedor y estudioso, además de notable compositor e intérprete, de la música propia de las orillas del Mississippi en tierras de la Esgueva. No es extraño entonces entender por qué a su corta edad es el guitarrista de la mítica banda vallisoletana Bluedays.

“El canto del Cisne” es el título de su único trabajo en solitario publicado hasta la fecha, de la mano de la productora Valle Rojo y grabado en el Estudio La Leñera de Valladolid por Pablo Giral. Esta grabación recoge una selección de su repertorio con la compañía su banda los Los Terryballs, formada por Dani Vallejo (bajo eléctrico y coros) y Ángel Román (batería).

Crápula, irreverente, virtuoso o realista radical. Los temas de Mike Terry hablan de grandes miserias y pequeñas grandezas, o viceversa, de historias anónimas protagonizadas por fantasiosos desconocidos que camuflan a partes iguales las experiencias del autor y el fruto de su pródigo imaginario. “Una de cal y otra de whisky”, como decía el propio Mike durante la actuación. Hubo tiempo para agradecer a Open Mic Pucela haber sido su plataforma de crecimiento y lanzamiento en Valladolid, hasta tal punto que se ha convertido en tradición que cada edición del popular micro abierto acabe con la actuación de Mike Terry en solitario o acompañado de los compinches que entre los músicos asistentes habituales recluta.

El repertorio, compuesto además por otras canciones de reciente creación, contó con la complicidad de un cambiante público que respondía a cada una de sus intervenciones e incluso coreaba sus temas. Después de “Lady Miller”, su particular visión de los dioses en “El gran comediante” o la personal traducción e interpretación del “Chocolate Jesus” de Tom Waits, el concierto acabó con la visceralidad de “El canto del cisne”, que dicen es la más bella melodía que emite un cisne justo antes de morir, lo que en el caso de Mike Terry se traduce en un glorioso epitafio de más de siete minutos que dejó atónitos a los presentes. 

 

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