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Imagen del centro de Valladolid.
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OPINIÓN: "La revisión del Plan General enseña la patita"

Reflexiones de la Asociación Cultural Ciudad Sostenible sobre la revisión del PGOU de Valladolid
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Valladolid

La Asociación Cultural Ciudad Sostenible (ACCS) nació hace ya cuatro años para tratar "de cara a los ciudadanos, los asuntos relativos a urbanismo, patrimonio y arquitectura desde la perspectiva de la ciudad sostenible", en palabras de su vicepresidente, Celestino Candela.

ACCS reflexiona sobre la revisión del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Valladolid en el siguiente artículo, titulado: "La revisión del Plan general enseña la patita":

"Seguramente ya nadie recuerda que hace mas de un año el Gobierno municipal nos enseño un documento llamado Avance de la Revisión del Plan General, expresivo de sus objetivos y propuestas generales para la ordenación de la ciudad. O al menos eso dice la Ley que debería contener. Ya entonces la concreción de la propuesta municipal brillo por su ausencia y fue sustituida por la ilustración de diferentes “modelos” de una única cuestión: los suelos urbanizables. Ese documento era, al menos también teóricamente, la base para suscitar la participación ciudadana. También dice la ley que el Ayuntamiento debe procurar que la actividad urbanística se desarrolle conforme a nuestras necesidades y aspiraciones, promoviendo la más amplia participación social. 126 alegaciones no parece abrumador. Un año después aparece un singular documento del equipo redactor refrendado por la gerencia de urbanismo llamado ”criterios para la revisión”, centrado nuevamente en los suelos urbanizables y los intereses de algunos promotores, al parecer únicos interlocutores con las puertas abiertas del consistorio. Y ahora si concretando, aunque sin contar por qué, quien se salva y quién no. Este documento se aprobó únicamente por el PP en el último Pleno municipal, pasando sin pena ni gloria para la opinión pública, y sin embargo es trascendente para el futuro que nos espera. Son 12 páginas que suscitan un millón de preguntas sin respuesta y mucha preocupación. La primera cuestión evidente es si hasta ahora resulta que no había criterios para la revisión. Hace más de 2 años que se encargaron los trabajos. Habría que convenir a continuación que se entiende por “criterio”, porque la Real Academia de la Lengua lo describe como “norma para conocer la verdad”, y el documento de “criterios” es un paradigma de la manipulación informativa basada en trucos de silencio: esa forma de decir callando, de contar medias verdades, demostrando que el silencio también habla y que el silencio puede mentir.

En las 12 páginas de estos criterios sobrevenidos no aparece ni una sola vez la palabra vivienda y tampoco la palabra salud. La denuncia por IU de estas significativas ausencias le parece a la Concejala de Urbanismo demagogia. No hay mención a los derechos constitucionales a la vivienda y a la salud, siendo ambos ejes trascendentales de cualquier ordenación urbana. Pero lo que si contempla el documento son los presuntos derechos, nunca acreditados, de los propietarios promotores de los suelos de las afamadas Áreas homogéneas. En una ciudad civilizada llamaría la atención que tras las 3 Sentencias del TSJCYL anulando la ordenación de las Aéreas 5, 7 y 11, por innecesarias, estos suelos se mantengan como urbanizables en la Revisión. Por no hablar de las 50 Ha del hermanísimo Cantalapiedra en Valdechivillas. Pero tras el auto del juez Margareto en el asunto Caja Duero defendiendo que las Sentencias están para incumplirlas, la vuelta al primitivismo está garantizada y es ley del Gobierno municipal ser reaccionario, esto es, caminar hacia el futuro reculando.

El gobierno municipal tiene un fino oído para atender especialmente las voces de algunos. Tienen que decidir en la Revisión que modifican y que dan por sagrado, que dan por bueno y que no, en un escenario en el que importa la fuerza de cada cual más que la justicia de lo que se pide. Se suele decir que, lo queramos o no, los problemas de los poderosos son nuestros problemas. Es posible, pero lo que es seguro es que sus soluciones no son nuestras soluciones. Un Plan General de ordenación urbana determina como debe utilizarse el suelo para el bienestar de sus habitantes, no para los balances económicos de determinadas empresas amigas del PP. Porque el entorno urbano tiene un impacto directo en la dignidad de las personas que la habitan, en la economía, el empleo, la educación, y la salud de sus habitantes. No son los ecologistas y la izquierda radical, sino la Ley, quien impone la utilización de este recurso conforme al interés general y según el principio de desarrollo sostenible. Y también por imposición legal se parte de que la ordenación de esos suelos debe atribuir un destino que posibilite el paso a la situación de suelo urbanizado, mediante la urbanización, únicamente al suelo preciso para satisfacer las necesidades- colectivas- que lo justifiquen. Es la Ley la que también impone al Ayuntamiento que en la ordenación que se haga de los usos del suelo, se debe atender a los principios de accesibilidad universal, de igualdad de trato y de oportunidades entre mujeres y hombres, de movilidad, de eficiencia energética, de prevención y protección contra la contaminación y limitación de sus consecuencias para la salud o el medio ambiente. El Ayuntamiento tiene una capacidad enorme para incidir en la salud de la población, y el Plan General es uno de sus fundamentales instrumentos.

Hay necesidades colectivas en las que a priori el consenso seria casi total entre los ciudadanos: una planificación urbana saludable y adaptada a las necesidades de los ancianos, porque aunque no nos guste esta es una ciudad para viejos. Más vale prevenir que curar, es algo que todos hemos entendido siempre, pero ahora con una sanidad cada vez más precaria, es un criterio obligado y sin embargo olvidado por el equipo municipal. Es un hecho y no una hipótesis que el diseño de las ciudades tiene un gran impacto en al sistema respiratorio y cardiovascular de su población. En el Plan General debe regularse, por ejemplo, la distancia que las antenas de telefonía deben de tener a espacios residenciales y especialmente sensibles como las escuelas, porque las ondas electromagnéticas ya han sido clasificadas como potencialmente cancerígenas. Y el cáncer en la ciudad también es una epidemia. Por consiguiente son esenciales políticas de diseño urbano correctas para conseguir la minimización de los factores de riesgo, protegiendo la salud pública con la prevención de enfermedades. Esto es lo que le importa a la gente.

La ciudad ha de ser plenamente un hecho colectivo tanto en lo que se refiere a su utilización como a su desarrollo. Esto no sucede así y debemos decir que la suplantación de la voluntad popular por las personas o grupos representativos de intereses particulares, es la causa principal de la pérdida de identidad de muchas ciudades y de la perdida de oportunidades. La recuperación del ejercicio de esta responsabilidad colectiva pasa necesariamente por el correcto funcionamiento de las instituciones de gobierno de la ciudad, condición necesaria para canalizar los requerimientos, deseos e ideas de una población que es compleja, que tiene conflictos entre clases sociales y que habita una ciudad diferenciada en partes, pero a la cual no se puede negar una única y global identidad. El Gobierno municipal debe de formular en la Revisión del Plan General la voluntad popular. No se trata pues de satisfacer las necesidades de ASPRIVA, se trata de nosotros, de lo nuestro, de lo de todos. Desde la más pequeña al más anciano, propietario o no propietario, parado o a las puertas, autónomo, emprendedora, estudiante, ama de casa, funcionaria, inquilino o comerciante. El municipio es el lugar ideal para identificar las necesidades sentidas por la población. El Plan ha de responder a nuestras necesidades, a las necesidades del usuario de la ciudad, y estas no son precisamente suelos urbanizables para lo que pueda venir dentro de 30 años. El Plan General debe ser forzosamente un instrumento de consenso, y no se conocerán las necesidades de la ciudad sin la participación de los ciudadanos que la habitan. Seguimos estando a tiempo".

 

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