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Cartel de la concentración de apoyo a Nerea.
Cartel de la concentración de apoyo a Nerea.

Tercer grado para Nerea

Está encerrada por haber salido como mejor pudo de una situación que la superó / Concentración de apoyo el próximo jueves 11 a las 19,30 horas en Fuente Dorada
Sandra González
Valladolid

Nerea cumple condena. El pasado 26 de enero ingresó en Villanubla. Le “han caído” 9 meses. No importa por qué, créanme. Ella asume el asunto. Está encerrada por haber salido como mejor pudo de una situación que la superó. Pero de eso hace ya años. Con ayuda especializada y el apoyo de su gente, rehízo su vida. Se casó. Tuvo a su segundo hijo. Pero la justicia es una máquina que no duerme y a pesar de que la vida le ha dado otra oportunidad y que ella la está aprovechando sabiamente,  le toca pagar por aquello. Entonces piensa con una lógica aplastante que no sería difícil que le concedieran el indulto. Todos los informes coinciden en señalarla como persona idónea para obtenerlo; lleva una vida tranquila, vive volcada en sus hijos, ha formado una familia normalizada, un entorno seguro para ella y para los niños, no ha robado, no ha matado, no ha estafado, no ha sido corrupta, no ha malversado ni prevaricado, no se ha gastado la pasta de los contribuyentes ni ha falsificado facturas… Sin embargo, le deniegan el indulto. Y aquí empieza la carrera de una vergonzosa injusticia.

Cuando Nerea ingresa en Villanubla piensa, con la habitual candidez de quien cree conocer sus derechos, que a pesar de su terrible situación, podrá llevar consigo a su bebé. El pequeño Zarek aún mama y su madre es su mundo, su referencia, su seguridad. Su amor. Pero, no solo no es así, si no que lo primero que le ofrecen al entrar en prisión es una diminuta pastilla blanca que le cortará la leche, que le secará los pechos, que acabará en pocos días con uno de los vínculos más hermosos que la unen a su hijo: la lactancia y el apego, ese modo natural, sabio y antiquísimo con el que Nerea ha decidido criar a su hijo. Pero ella se niega a medicarse, pelea por un sacaleches que acaba consiguiendo y aunque come poco y no duerme nada, logra ir sacándose la leche varias veces al día para después tirarla pues tampoco le está permitido hacérsela llegar a su hijo. Mientras, el pequeño Zarek la busca de día y la llama de noche, no entiende nada, no comprende porque su mamá no está. Comienza la desesperación y las explicaciones legales, bofetadas de una realidad que la condena aún más si cabe. Villanubla no tiene módulo de madres ni un reglamento que prevea ninguna actuación especial en estos casos. No, no pueden llevarle al niño para que lo amamante al menos una vez al día; no, no puede hacerle llegar la leche; no, no puede verlo más que en los contados vis a vis a que su familia tiene derecho; no, no hay ninguna prisión cercana con módulo de madres; sí, antes había módulo en Dueñas, pero con los recortes lo han cerrado. Si quiere tener a su bebé con ella, deberá solicitar traslado a una prisión de Madrid o de Valencia. Y eso si se lo conceden. La desesperación va en aumento. Pero en estos días tan oscuros, mucha gente que la quiere y que la apoya ha empezado a moverse. Como una red que pareciera no tener fin se va tejiendo una manta de solidaridad. Cada uno aporta lo mejor de sí mismo y todos entienden que hay que arrimar el hombro, que hay que moverse rápido, que si tocan a uno de los nuestros nos tocan a todos. Y así, Leo Juan, mucho más que un allegado de la familia,  llama a su amigo y abogado César Hernández Romón, un profesional eficaz que se mueve rápido y bien. Los demás, aportan hasta donde saben y pueden. Son días frenéticos que hacen arder los teléfonos. Contactamos con asociaciones, buscamos apoyos sociales y médicos; todo vale, todo se aprovecha, desde las recomendaciones sabias y expertas de una psicóloga que sabe un montón de crianza y apego y que desde Rotterdam nos ha aportado ideas brillantes a las que les hemos sacado muy buen rédito, hasta los amigos que a cualquier hora del día o de la noche enviaban wassap y mensajes diciendo aquello de “para lo que haga falta”.

Y lo que hace falta es que le concedan a Nerea el tercer grado, ese que le permitiría cumplir su condena -extremo al que Nerea jamás se ha negado- fuera de la prisión, realizando trabajos sociales pero estando con su hijo. Una vez más, el caso de Nerea y su bebé demuestra que la Justicia tardía no sólo no es Justicia, si no que se rebela profundamente injusta. No obstante, las leyes penitenciarias pueden permitir a las autoridades penitenciarias y judiciales atenuar la injusticia y proporcionar una solución equitativa: el tercer grado para Nerea.

Con esa intención, pertrechado de informes apabullantes e irrebatibles, César subió el pasado viernes a Villanubla, habló con Nerea y presentó ante la Junta de Tratamiento de la prisión la solicitud del tercer grado. Sus alegaciones ponen en evidencia la inexplicable injusticia que se está cometiendo no solo con Nerea, sino con su bebé, con un niño inocente al que se le está privando de un derecho fundamental que es estar, vivir, comer, dormir y jugar con su madre. Y esto no lo digo yo, lo gritan con fuerza desde hace tiempo la OMS, la Asociación española de Pediatría y su Comité de Lactancia, las mujeres de La Liga de la Leche, brillantes y reconocidos neuropsiquiatras infantiles, matronas, trabajadores sociales y demás personal sanitario: lo mejor para el desarrollo integral (o sea, físico y emocional) del niño es que se le amamante, a ser posible, hasta los tres años y las recomendaciones no son baladíes ni obedecen a modas pasajeras. Una sociedad que cuida y protege con leyes justas la crianza de los más pequeños, está sembrando bien para el futuro, sin olvidar además, que es un derecho de la madre elegir hacerlo y una obligación del resto respetar su decisión, más aún cuando la avalan y respaldan organismos y profesionales incontestables.

¿Y ahora? Ahora toca moverse, contar esta historia a quien quiera oírla y pediros a todos que tiréis a un tiempo. En los próximos días, la Junta de Tratamiento Penitenciario decidirá si le concede el tercer grado a Nerea. Y hemos pensado que lo que es un clamor en las redes, salga a la calle. No hay tiempo que perder. Mientras, los más cercanos sobreviven con la congoja y la esperanza a partes iguales. Desde aquí, un abrazo enorme a la familia, a su madre, Nieves, que se está quedando sin lágrimas pero alienta a los que pelean a que lo sigan haciendo; a Jorge, su marido, que va viviendo como puede y como le permite el comprensible aturdimiento de la situación: habla con unos, se reúne con otros…, al resto de la familia de Nerea que cuida de los suyos hasta que ella pueda hacerlo.

No tendremos gracias suficientes para repartir entre todos los que han aportado luz, ideas, trabajo (sin cobrar), aliento y tiempo. Quisiera no dejarme ningún nombre; discúlpenme si alguno se me escapa. Gracias de corazón al abogado César Hernández Romón, a Leo Juan, a Marta, de la asociación Liga de la Leche de Valladolid, a Nuria González, a la Coordinadora de mujeres, sindicatos, grupos políticos y sociales y a otras muchas personas que están contribuyendo a esta causa.

A todos los demás, a los que sin falta de poner sus nombres siempre han estado y estarán, a ustedes, que leen esto en este momento y se preguntan qué pueden hacer, a tod@s los que creemos que es una acto de justicia, de derecho y de amor que le concedan a Nerea este tercer grado, insisto a todos, los esperamos el próximo jueves 11 de Febrero a las 19:30 horas en Fuente Dorada. Será una concentración participativa; podremos escuchar a César explicar cómo marcha el proceso, daremos voz a las personas que pudiendo aportar su conocimiento se decidan a hacerlo para todos. Será, como no podía ser de otro modo, un encuentro solidario. La causa lo merece. Nerea y su hijo tienen derecho.

 

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