últimoCero
 

Con la música a otra parte

Hace unos meses, mostraba mi tristeza e indignación por el cierre de la Escuela Municipal de Música “Mariano de las Heras” de Valladolid, el día en que cumplía dieciocho años de andadura en nuestra ciudad. Cierre forzado por la desastrosa gestión del Ayuntamiento de Valladolid y en particular del equipo de la Concejalía de Participación Ciudadana, con su concejala Domi Fernández a la cabeza.

Todo debió empezar cuando al Alcalde León se le atragantó el cuarto de millón de euros que le costaba cada año que 600 vallisoletanos adquirieran una cultura musical “amateur”. Debía andar nuestro munícipe preocupado por los agujeros del urbanismo, que de un tiempo a esa parte venían sumándose de quince en quince millones (Cúpula del Mundial, puente de la Rondilla, traslado de Panibérica de Levaduras), y pensó que el Ayuntamiento no estaba para que unos niños “tocaran la flauta”, habiendo procesiones, toros y pinchos para subvencionar.

Desde entonces, el Ayuntamiento no ha dejado de maltratar a los profesores y usuarios de la Escuela de Música, denigrando la trayectoria de los primeros (culminando con un despido que está en los tribunales) y amargándonos la vida a los segundos (suprimiendo los niveles en la formación instrumental y las clases de coro o anticipando el cierre). Uno llegó a pensar que el Ayuntamiento buscaba simple y llanamente cargarse la Escuela por pura falta de sensibilidad cultural y social, con la coartada de la crisis económica, que ya sabemos vale para todo.

Me equivocaba.

Porque resulta que, según publica últimoCero, la empresa adjudicataria de la nueva Escuela Municipal de Música para el curso 2013/2014, “in Pulso Musical”,  ha sido creada ex profeso este verano por un miembro de las Nuevas Generaciones del Partido Popular y candidato suplente en la lista del Partido al Ayuntamiento de Valladolid en las elecciones de 2007.

Actualmente responsable de comunicación de la Confederación Vallisoletana de Empresarios, “Fer” Calderón (así se presenta en las redes sociales, donde le han pescado) ha montado el negocio con un cuñado, que de comercial de informática pasa a gestor de una Escuela de Música, y con un amigo músico como director técnico.

Carrera meteórica la de estos jóvenes emprendedores. Sin siquiera existir como empresa, ya han sido invitados a una “licitación” por un Ayuntamiento como el de Valladolid, que les ha elegido a dedo de entre las cuatro ofertas recibidas, haciendo pasar por un contrato menor la gestión de un servicio público que por su monto (cuarto de millón de euros de ingresos previstos) seguramente exigía la convocatoria de un concurso abierto, con toda la publicidad.

En sus primeros compases en la Escuela, han recibido en las redes el apoyo entusiasta de seguidores de las Nuevas Generaciones y del PP, como la catedrática de musicología, ex-atleta y ex-concejala popular del Ayuntamiento de Salamanca Sandra Myers, o colegas del marketing que pasaban por aquí como un tal Schumacher, fórmula uno de los contactos denunciado por recibir contratos a dedo del Ayuntamiento popular de Calpe.

Por supuesto que la militancia en un partido político no inhabilita “per se” para desempeñar una actividad profesional para la Administración (ahí tienen al Presidente del Tribunal Constitucional), pero si no es mucho pedir estaría bien que en la adjudicación de los contratos públicos se respetarán los principios de libertad de acceso a las licitaciones, publicidad y transparencia de los procedimientos, y no discriminación e igualdad de trato entre los candidatos. Y de paso, la libre competencia que tanto pregona el Partido Popular.

Porque eso de contratar a dedo a una empresa constituida “ad hoc” por uno del Partido, sin solvencia económica ni profesional alguna, que además se niega a subrogar al profesorado que lleva 18 años sacando adelante la Escuela, no sólo viola la Ley de Contratos del Sector Público y el Estatuto de los Trabajadores, sino que apesta a corrupción política. Otra vez más.

Al final va a resultar que el Alcalde y la Concejala Domi se querían cargar la Escuela Municipal de Música para darle el negocio a uno “de la casa”, que a lo peor hasta paga alguna comisión por ello. Vamos, que nos han mareado durante más de un año a alumnos, padres, profesores y anterior concesionario para aburrirnos y que dejáramos vía libre a esta nueva “experiencia ilusionante”.

Que asco.

PD. Ojo a las bibliotecas, a las piscinas, a las escuelas infantiles municipales, que van detrás en la lista.

 

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