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Y el León se agarró a una pancarta

Andaba el Alcalde León necesitado de afectos en los últimos tiempos. El auto de procesamiento por los chanchullos de su vivienda en la Plaza de Zorrilla ponía (de momento) colofón a un año negro marcado por los reveses judiciales, las protestas ciudadanas y la negativa del partido a aceptar a su “delfina” para las próximas elecciones municipales. Tamaña falta de agradecimiento a sus desvelos por poner “bonita” a la ciudad del Pisuerga estaba causando mella en la moral del monarca absoluto de Valladolid desde 1995.

Y en esto que buscó y encontró una pancarta a la que poder agarrarse para darse un baño de “masas” (aunque la masa sea más bien pequeña, la verdad). Podía haber elegido en el mismo fin de semana la manifestación de los desempleados, la de los desahuciados, las de la sanidad o la educación públicas o la de los dependientes, entre otras. Pero, demostrando gran empatía con sus súbditos de a pie, eligió la de una entidad privada preocupada por sus problemas para hacer caja con la acampada que anualmente organiza en un espacio protegido del municipio.

Emulando al ex-portavoz episcopal Martínez Camino, que veía en la Ley del matrimonio homosexual de Zapatero lo más grave que había sucedido en los dos milenios de cristianismo (con el siglo XX que hemos tenido…), el Alcalde León se echó a la calle por primera vez en diecisiete años para reclamar a Ecologistas en Acción e Izquierda Unida que miren para otro lado durante la próxima edición de la concentración motorista “Pingüinos” en el Pinar de Antequera, para que ésta pueda ser. Sin duda, el asunto ahora capital por el que movilizarse.

Tremendo poder el de estas dos organizaciones ciudadanas (a las que el Alcalde suma gratuitamente en este asunto a la Federación de Asociaciones Vecinales), que deben tener maniatada a la Junta de Castilla y León y manejan en la sombra las actuaciones de la Fiscalía y los Tribunales, según la particular paranoia del edil vallisoletano.

Al parecer, de lo que se trata es que el entorno de la playa de Puente Duero pueda seguir recibiendo tras seis ediciones consecutivas esta acampada masiva de aficionados a la moto. Posibilidad que ya ha sido descartada por la Consejería de Fomento y Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León porque “no resulta en modo alguno compatible con la persistencia del monte cuando se perpetúa en el tiempo”. Por ello, quizás sería más efectivo que el Ayuntamiento promoviera la modificación de las leyes de Espacios Naturales, Montes y Espectáculos Públicos de Castilla y León, para acomodarlas al interés del Club Turismoto.

No hay duda de que 30.000 personas pagando sus inscripciones, entradas, consumiciones y materiales diversos generan un movimiento económico importante, superior al medio millón de euros cada año, sin contar patrocinadores y aportaciones públicas al evento. Ingresos que se embolsan directamente los responsables de Turismoto, entidad opaca que hasta fechas recientes no figuraba inscrita ni como asociación ni como empresa, por lo que no hacía frente a ninguna obligación fiscal. Por este motivo Hacienda les impuso en 2011 una cuantiosa multa y una regularización, según ha denunciado la asociación de consumidores Facua Castilla y León.

A estas alturas de la película, no hay duda de que el Alcalde de Valladolid, con un pie en el banquillo de los acusados y en riesgo de ser descabalgado de las próximas listas populares al Ayuntamiento, necesita desesperadamente una cortina de humo para distraer la atención y recuperar crédito entre sus incondicionales, que aún son muchos. Agradezcamos que haya optado por la causa de los hermanos Parellada en lugar de encabezar marchas xenófobas; aunque todo llegará, vista su invitación pública a linchar a los que no le bailan el agua.

 

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