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Queridos tordesillanos

Estimados Tordesillanos:

Este fin de semana habéis salido a las calles a defender vuestro Toro de la Vega ante la avalancha de críticas, que este año ha sido especialmente virulenta. Otro año más sois centro de la atención y otro año más se nos presenta el dilema de las fiestas de toros. ¿Qué hacemos? ¿conservamos nuestras tradiciones (lo cual es, en cierta forma, nuestro deber) o defendemos los valores que nos hacen humanos, como es no disfrutar del sufrimiento ajeno, aunque sea el de un animal?

Me pregunto si seremos capaces de superar esta contradicción que rodea nuestras raíces culturales. ¿Podremos algún día disfrutar de la fuerza y belleza ancestral que poseen las fiestas hispanas sin tener que lamentar la crueldad que llevan aparejadas?

La tradición supone siempre un reto para nosotros. Es nuestro deber conservarla, pero también mantenerla viva y, para ello, es preciso que siga teniendo significado para  personas que ya no tienen la mentalidad de sus antepasados. Por eso, a veces, las tradiciones tienen que evolucionar y someterse a un delicado proceso que las permite adaptarse a lo nuevo y a la vez conservar sus significados profundos.

En Mecerreyes, provincia de Burgos, se celebraba una ancestral fiesta de carnavales en la que varios participantes intentaban arrancar la cabeza a un gallo vivo. La fiesta ha sido recuperada recientemente, pero el gallo vivo ha sido sustituido por un gallo de trapo. Ello ha permitido que se salve todo el maravilloso despliegue que lo acompaña (unas fascinantes mascaradas, danzas, trajes y un vistoso ritual) porque es muy probable que si se hubiese intentado conservar la tradición tal cual, con el espectáculo de un gallo degollado tan salvajemente, toda la fiesta se habría perdido.

El mundo de los toros, a su manera, también está evolucionando y cada vez hay menos público en las corridas tradicionales (donde el toro agoniza poco a poco despues de haber sido cobardemente sometido a la pica) y son más populares los espectáculos de cortes, quieblos y saltos, mucho menos crueles.

¿Tiene que evolucionar el Toro de la Vega? quizás es el momento de que lo haga, pero una cosa está clara: los animalistas pueden manifestarse, el gobierno central o el autonómico tienen poder para declararlo bien de interés cultural o para prohibirlo, pero sólo vosotros, tordesillanos, que sois los herederos de esta tradición, tenéis capacidad para hacerla evolucionar.

 

 

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