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Chapu Valdegrama: Necios abstenerse

Todo poema es un borrador de la Poesía.

  1. Bioy Casares, Historias fantásticas

 

 

De pequeño, Chapu soñaba con ser canalla y artista; por ese orden, pero la vida tenía para él planes mejores y pronto entró en relaciones (peligrosas) con la Poesía, ya saben, esa cabrona que no quiere amigos sino adictos; y la joven promesa, mitad orate, mitad hombre del Renacimiento (pues ninguna de las Artes le resulta ajena) se recibió de poeta sin poder/saber/querer remediarlo. Bukowski, los bares que no cierran y las mujeres imposibles lo impostaron de canalla; el resto fue ir viviendo, bebiendo, bobeando y balbuciendo hasta llegar a estos versos que hoy les traigo, como flores raras, inclasificables y hermosos. Atiendan.

Con un canto en los dientes es una tetralogía poética cuyos títulos son toda una declaración de principios. A saber: “La sabiduría es un espárrago”, “El amor es una insólita rutina”, “Totum Revolution” y “Revolutum sine die”. ¿Quién puede resistirse? Los planes poéticos de Chapu consisten, básicamente, en reverenciar y aborrecer, a partes iguales, la retórica que abraza. Y no es frivolidad lo suyo, sino una seria y comprometida falta de respeto a toda norma establecida sin negar, no obstante, la envidia malsana que los anacolutos de los clásicos le producen. En esto del verso, Pedro es adolescente que se va de casa dejando una nota en la que jura no volver y que, sin embargo regresa siempre malherido y bienbebido, porque como en casa, en ningún sitio. Por ello espanta los lugares comunes para retomarlos más tarde con cierta candidez que es socarronería y rizar el rizo. Comienzas el poema, intuyes el recorrido, apuestas por el final y fallas, porque él ya tenía previsto rematarte antes de empezar. Vean:

 

Busco un arma

para asesinar la melancolía

de los días de diario.

 

Y piensas, ché, qué barbaro le quedó el versito, qué sensibilidad la suya, qué determinación suicida… He aquí un poema de hondo calado ontológico, una revisión afortunada del pesimismo humano, una visión cosmogónica del aburrimiento de las almas… Y de repente:

 

No hace falta

que tenga las tetas grandes.

 

¿Lo mato? Que va… corro a comprarme el libro. Esto empieza mejor que bien.

 

Con Chapu hay que estar preparado para sentir, así que si quieren amortizar sabiamente la inversión, ábranle paso y dejen que les escarbe el pellejo: sabrán de carcajadas, shocks, amarguras y finales fatales, pues los felices los gasta todos en los primeros versos. Su extrema originalidad lo convierte en mucho más que un poeta de la calle, de la realidad o de esto tan moderno de la “poesía desnuda”. Chapu es Chapu, irrepetible, irreverente, escaso de autoestima y sobrado de vanidad. Y les cuento todo esto porque Chapu, en eso de “poemar” se escribe a sí mismo. Su peculiar universo lo ocupan gatos, vino, melenas sin rostro, culos gloriosos, curros de mierda, cargos de conciencia, autocríticas suicidas o resacas domingueras. Y lo cuenta todo con esa displicencia chulesca y lenguaraz que es puramente verso gritado y dolorido, disfrazado de ripio prosaico. Cómo se le agradece el tuteo, con qué conmovedora confianza te apea el tratamiento y te deja entrar hasta la cocina, ese corazón grande y destartalado, que ofrece en un acto extremo de casquería generosa:

 

Hoy es el aniversario.

Hoy hace no me acuerdo cuántos años

          que arranqué esa víscera cardíaca

          de mi pecho

          (llámese corazón, tanto da)

          y la tiré al cubo de la basura.

 

(El final del poema es de órdago, pero no hay spoiler que valga; léanlo).

No duden ni por un instante, de que Chapu es un romántico feroz y empedernido, un conquistador de orejas atentas, un vendedor de humo del bueno, del que coloca y te pone en el disparadero de la risa, la lágrima o el cabreo. Su genio emana directamente de su desvergonzada franqueza, pues nada de lo humano, lo divino y lo escatológico le es ajeno. Él no camina, más bien atraviesa las aceras y se deja atracar por esquinas donde los perros mean indolentes y se dan cita hembras de rompe y rasga. Entonces, él atrapa al vuelo la metáfora escurridiza y te dispara con ella en mitad de la frente. Todo es susceptible de convertirse en/a poesía. Los jirones de realidad son tesoros reciclables que con su impostura alcanzan una categoría superior de relato. Lo mejor de su condición de poeta es su inmoralidad ocasional y su amoralidad permanente. No tiene miedo, no tiene límites, por eso algunos poemas le cojean y no faltan “entendidos” que le pondrían un calzo a esta o aquella estrofa. Pero me pasa con Chapu lo que con mis favoritos, que me gusta también cuando no me gusta. Y eso sucede porque él se hace acompañar de los mejores, los pasea sin prejuicios por sus versos y no va de poeta innovador. Verán que él tampoco ha sabido resistirse a Cortázar (“Instrucciones para cambiar una bombilla”), ni a Quevedo (“Prístinas, inmaculadas”), ni a la Pizarnik (“Hoy al salir de casa”) ni a Bukowski (“Se me da fatal escribir cabreado”), ni a tantos otros a los que me recuerda sin que importe lo más mínimo si de verdad influyeron en él o no. Tal vez ni siquiera los ha leído, pero respira, sin duda, al mismo compás.

Abreviando. A finales de febrero le nace la criatura a Chapu. La editorial Amargord ha andado lista y lo ha fichado. Arrímense a la librería de turno y pidan una de Con un canto en los dientes (sugiero A pie de página, que seguro que lo tienen y Enrique se lo sabrá “envolvender” como nadie), busquen sombra, sean lectores activos y propicios, agradézcanme, cuando me vean, el encarecimiento de mi recomendación, arriésguense a tomarse un Chapu seco y sin hielo y, como no podía ser de otro modo, disfruten.

 

Bodegas Hiriart - Cigales

 

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