últimoCero
 

Laura Fraile: La asombrosa caminante asombrada

(para el abuelo Lucio)

 

Tres veces, tres, me leí Mujeres que tararean canciones inventadas. La primera, del tirón, en cuanto tuve el libro en las manos. Lo devoré con la avidez morbosa con la que se engulle lo escrito por alguien a quien conoces y que te gusta, buscando reconocer a Laura Fraile y poniendo cara de “yo sé de qué habla cuando dice tal o cual…”, con ese orgullo de “yo la conozco (mucho más que de vista)” y el profundo y reverencial respeto que siempre me ha producido la letra impresa. La segunda lectura -también del tirón, para no perder ritmo- estaba ya cargada de intención pues había decidido que mi siguiente artículo sería sobre Mujeres… así que me puse las gafas de “me-estoy-enterando-de-todo-lo-que-leo” y así me fue… Decidí que la tercera sería un vistazo fugaz por algunas páginas, previa censura intelectual: nada de entender, nada de querer desentrañar, nada de explicarme; solo leer, sentir, disfrutar… porque de eso se trata (¿o no?). Esta tercera me fue mucho mejor…

Imposible explicarles un libro que es a la vez bofetón, foto cargada de intención, corriente de aire de esas de cuando abres a la vez puertas y ventanas, energía irónica y lúcida, búsqueda de wally y plano desmembrado de ciudades que no siempre tienen nombre. Porque no es una novela, no es un libro de poesía, no es un ensayo, no es una guía para turistas de sandalias con calcetines. Y sin embargo, es todo eso y mucho más; es un relato travestido de historias castizas, golfas y amargamente hilarantes cuyos protagonistas involuntarios aparecen desenfocados y genialmente desprevenidos al fondo de una foto cuya protagonista es tu prima Carmen luciendo bronceado y dientes dientes. Y como quien va apartando cortinas, Laura se acerca al fulano con su mirada tr(aviesa) y lo clava.

La culpa de tan redondo resultado la tiene el sincero extrañamiento con que Laura se enfrenta a las aceras y a los bares, a los kioscos y a las librerías, a los semáforos y a las plazas, a Valladolid y a muchas otras ciudades que siempre resultan ser la misma, indiferentes a la latitud o al continente, porque todas ellas están ocupadas de gente que transita ignorante ante los ojos de esta escritora, voyeurista profesional, que los desnuda sin decoro y en tres frases, despojándolos de su máscara de andar  tan normales, por la vida. Esa inteligente perplejidad con la que observa y disecciona hasta reducir a insólito lo habitual, me recuerda a aquel juego infantil que consistía en repetir innumerables veces una palabra para conseguir que perdiera su sentido y que, de esta manera, su significado se diluyera y nos hiciera notar que, al fin y al cabo, el lenguaje no es más que un puro y arbitrario convencionalismo. Del mismo modo, ella concreta la sinrazón de toda esa marea humana que va y viene y sobrevive cómoda entre sus tópicos protectores y lo mismo le da el discurso frenético de las voceadoras de mercadillo, que los consejos familiares a miembros de inferior categoría, que los peinados “pitiminí”, que los hombretones derrumbados por horóscopos desfavorables o que los adolescentes mareados por las volteretas de un cantante que peina y hace tirabuzones para más y mejor disfrute de su público. Nada es despreciable para su mirada; todo vale, todo se recicla, todo puede convertirse en esa otra cosa que los escritores encuentran siempre detrás, encima o junto a estas cosas “del lado de acá” (si no cito a Cortázar me da algo…).

Leer Mujeres… te obliga a la sospecha geográfica porque, al igual que el Principito, Laura hace girar la Tierra bajo sus pies y viaja de aquí para allá, con sus zancadas de colores sin hacer ascos a ningún territorio por hostil que parezca; así que lo mismo estamos en Valladolid, que en Canarias, que en Barcelona, que en algún innombrado país de Sudamérica, que en el África ardiente, eboliana y peligrosa desde donde recibe noticias que la tientan a cerrar los ojos, pero solo un poquito, para asomarse después a mirar entre los dedos, por si acaso… y aquí (inevitable, lógicamente) lo que ve, cuando mira, es que “amor” se escribe con “m” de miedo.

¿Y lo que te ríes, sonríes y cabeceas afirmativamente con este libro? De frase en frase vas pensando “¡sí, claro, jajajaja!” porque es una gozada reconocer(se) en tantas de sus acertadas y crueles conclusiones. Uno casi teme encontrársela en cualquiera de esos millones de eventos que ella cubre con el don de la ubicuidad (se lo juro, lo posee, yo lo he visto) y pensar que nada escapa a sus delirantes caleidoscopios, ergo, tú puedes ser el siguiente. Para esta periodista, acertadamente apodada la Polilla por un amigo común, toda bombilla es trinchera: se acerca, mira, se inspira, se calienta y a por otra… algo así como una vampira de asfalto en busca del surrealismo que habita nuestra normalidad.

Y eso que hace con el lenguaje no tiene nombre ni perdón de dios. No conforme con manejar con un estrabismo intelectual fabuloso todo lo que ve, encima va y se inventa un sinfín de palabros desternillantes y malvados que aunque no siempre se entiendan, nunca dejan lugar a dudas. A mí me enamoran sus “culo-carpeta”, sus “jamiroquairismos”, sus recurrentes sufijos en “-il” (véase “bragueril”), sus verbos indiscutibles, la belleza inspirada y originalísima de sus sinestesias (no se pierdan “palabras que saben a tapicería de Alsa”), su gramática incoherente y transgresora (lo mismo me como el verbo, que el sujeto, que el complemento)…

Abreviando, que es gerundio. Que se compren Mujeres que tararean canciones inventadas, que se lo lean, que empiecen 2015 con un espíritu y una literatura diferentes, que apechuguen con su vergüenza si se tropiezan con ustedes mismos entre sus páginas, que se burlen sin piedad de la choni de turno o del macarra que pasa, que se pateen la ciudad detrás de Laura (pues alcanzarla es imposible) y que al final, con la lengua fuera y las piernas que ni las sienten, concluyan que la visita ha superado con creces sus expectativas. En resumen, que disfruten.

 

Bodegas Hiriart - Cigales

 

Formulario de búsqueda

 
Presentación | El equipo | Videos de Apoyo | Suscríbete | Contacta