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El experto rampante

Hace mucho tiempo que abrir un periódico no producía tanta hilaridad y se lo debemos al afamado experto oficial Sr. De las Rivas, urdidor de cabecera del Partido Popular Local y Regional, y, como no podía ser de otra manera, encargado de Revisar el Plan General de Ordenación Urbana de la Ciudad, para que todo quede como está. Este señor, de derechas, como el mismo presume en los foros donde tiene el gusto de conocerse, además de la rechifla general, ha suscitado diferentes refranes y aforismos, y aunque yo estaba por la labor de practicar el dicho de “No hay mayor desprecio que no hacer aprecio” , o ese otro de “A palabras necias, oídos sordos”, el correo electrónico se ha colapsado con asuntos como: “Por la boca muere el pez” “Por sus palabras le conoceréis” “ Dime de qué presumes y te diré de que careces”, “Casi siempre la caga quien de apariencias se paga”, “Quien mucho se quiere hinchar, por fuerza ha de reventar”, “El torerito”, y muchos más, enviando el enlace de la prensa oficial – o el Norte de Castilla si ustedes lo prefieren – que nos ilustraba el pasado viernes con las ¿didácticas? palabras del “experto”, en una charla dirigida a los estudiantes de la Facultad de Comercio, trufada de perlas. La cosa es que además de la rechifla había indignación y el requerimiento de la necesidad de reacción. Es la razón por la que hoy escribo además de en nombre propio, como jurídica urbanista con 30 años de profesión, como Presidenta de la Asociación Ciudad Sostenible.

Juan Luis de las Rivas reclamó a los jueces que al igual que los urbanistas no entran en el ámbito jurídico, los togados no se metan en la planificación de la ciudad. De la Riva se refería a dos recientes e “inquietantes”, según él, sentencias del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León que han anulado dos grandes paquetes de suelo urbanizable (el AH 5 y el AH 11) del Plan General. Dejando clarito, que de planificación de la ciudad el que sabe es él, y de paso que en el Plan que está guisando, las 3.400 hectáreas con capacidad para 65.000 viviendas que preveía el investigado penalmente Plan General vigente, son hoy necesarias para el desarrollo de Valladolid. No se olvido de los especuladores propietarios de esos suelos, y abogó también por un “respeto escrupuloso” a sus derechos. Yo le entiendo. Entiendo que a él el Estado de Derecho le sea ajeno, porque ese es precisamente su problema. No lo entiende. Apuesta por la arbitrariedad, la inmunidad e impunidad. Su irritabilidad es legendaria Es una esfinge parlante que no admite discusión. Maltrata a los que saben discurrir y se aburre con todos los demás. Es un actor más del drama que educa a la Región. No es un profesor dispuesto a darnos la razón. Ni siquiera nos daría las gracias. Si alguna vez lo hace es para quitarnos de en medio. Un gesto displicente. Lo que importa del experto es esa codicia de sí mismo.

En esta ciudad nuestra, tan aficionada a las corridas de sol, sangre y arena, se le debería llevar a hombros por la calle. Al fin y al cabo, el torerito experto también dice “dejadme solo”. Y así se queda, en efecto. Es la nuestra una ciudad y una región de expertos sectarios, todos de la misma obediencia, pues esta ha sido finalmente la influencia que da forma a nuestro artefacto institucional. Es el triunfo de los mandamases, la admiración por el mando único y supremo, lo que al final hemos adoptado como forma de ser. Y ahí está él. Diciéndoles a los Jueces lo que tienen que hacer. Al fin y al cabo la tarea que le ha sido asignada no es dar nitidez al pensamiento, deshacer simulacros, revelar imposturas y hacer virtuosa la elegancia del discernimiento, si no apuntalar el despiadado dominio de la ignorancia. Le pagan bien al experto del Partido, pero lo hacen con nuestro dinero.

El profesor se hizo hace años con el reinado del Instituto de Urbanismo de la Universidad de Valladolid (más conocido en los ámbitos profesionales como Instipufo) y al amparo del sello de la Universidad, que viste mucho, alucinarían ustedes con el listado de adjudicaciones públicas que iluminan su carrera. El “experto” sin embargo no ha conseguido nunca ser catedrático de urbanismo. Su envidiable memoria para las citas celebres no ha sido suficiente para hacer carrera académica. Tampoco importa. Al fin y al cabo le pagan por documentos bonitos e inservibles. Y hasta se los premian. Lo que menos importa es que los tribunales los anulen (Zamora, Segovia…), aunque de ahí venga su rencor. Ni importa tampoco que sus partos urbanísticos no se ejecuten, ni que sus estrategias sean un fiasco (como por ejemplo las Dotvaen). Sabe elegir el tono adecuado de los grafismos para las zonas verdes, aunque de la gestión urbanística ni quiera ni sepa nada. No le hace falta para llevarse un contrato suculento para la coordinación de los Proyectos Regionales. Otro fracaso estrepitoso de nuestro Gobierno Regional, del que algún día debieran de darnos cuenta. Pero nada importa. Ni siquiera que fuera público y notorio y todos supiéramos antes de su adjudicación que la Revisión del Plan General de Valladolid ya tenía nombre y apellidos. La envidia que nos corroe.

Es sin duda un listo. Quienes seguro que están encantados son los empresarios del ladrillo y más que nadie el hermanísimo de la concejala Cantalapiedra. Es su garantía de que Valdechivillas va. Tal vez le cambien el nombre y en el nuevo Plan el sector se llame “Los Canales”, eliminen alguna vivienda y justifiquen su conveniencia y oportunidad. Al fin y al cabo Vázquez y de las Rivas ya estaban trabajando en ello, antes de la Revisión del Plan General. Tampoco importa. Nada importa.

Y sin embargo sigue siendo necesario sostener una actitud crítica. Los verdaderos expertos, los intelectuales provechosos, que los tenemos, no son gurús ni sumos sacerdotes sino más bien, como dice Fernando Savater, aceleradores de partículas mentales. Es decir, que no intentan engañarnos o intimidarnos, sino que pretenden no entregarnos al pánico de las tinieblas. Por eso no se comen una rosca.

Lo que nosotros, la Asociación Ciudad Sostenible, pedimos a jueces y magistrados es que impidan precisamente lo que el experto rampante reclama. Que impidan la corrupción política y empresarial. Que el Fiscal General del Estado, en lugar de poner piedras en el camino, dote efectivamente a la Fiscalía de Valladolid de los medios necesarios para impedir la inmunidad e impunidad que el director del PGOU reclama. Y puestos a pedir, que actúen contra la autorización municipal de la reapertura de la discoteca Mambo, antes de tener una tragedia como la del Arena en Madrid.

 

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