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No estamos locos, sabemos lo que queremos

El gran José Luis San Pedro decía, poco antes de morir, que la muerte le llevaba de la mano, pero que se estaba portando bien porque le estaba dejando pensar. Y favorecer que los ciudadanos piensen es lo que deseamos cada vez más gente, empezando por abajo, por lo local, por la ciudad. Porque lo más preocupante es la necesidad y la ausencia en muchos sectores de pensamiento crítico. El lenguaje con frecuencia es una trampa, se usa para engañar y persuadir con falsedades o encadenar con creencias. El caso es que la palabra, como las setas, debe ser recibida con criterio crítico pues puede ser un bálsamo o un veneno.

Asunto clave es que los ciudadanos puedan formarse un juicio informado. Ser indiferente a la verdad es una característica indeseable e incluso criticable y, por tanto, la charlatanería es algo que deberíamos evitar y condenar. Todos sabemos que nuestra sociedad soporta sin cesar grandes dosis de charlatanería, mentiras y otras formas de tergiversación y de engaño, sin embargo está claro que, hasta hace nada, no parece que esta carga haya paralizado nuestra civilización. Tal vez por eso algunas personas consideran, con cierto aire de suficiencia, que esto demuestra que, al fin y al cabo, la verdad no es tan importante .Es lo que ejerce nuestro gobierno municipal .¿Transparencia? , ¿Información?¿ Para qué? ¿Para qué y por qué  van a conocer la oposición y los ciudadanos el acuerdo precipitado, ilegal e indecente de la Señora Cristina Vidal, en el pasado mes de mayo, pretendiendo dar carpetazo a la ejecución de la Sentencia del pelotazo de Piensos CIA en Zorrilla?

Y en la misma línea el cuarto poder local, el contaminante Norte de Castilla, que grita en todas sus páginas, emulando a Adorno: “los vallisoletanos quieren ser engañados”. El periódico decano no entiende que el periodismo es el control libre del ejercicio del poder con información. Comparte el ensayo que Freud escribió sobre la psicología del grupo: El Grupo “desea ser gobernado por una fuerza ilimitada, siente una pasión extrema por la autoridad”; en expresión de Le Bon,” tiene sed de obediencia”. Por eso su información política tiende a reducirse a publicidad y propaganda del poder municipal. Pero ha sonado la alerta sobre el alcance de la amenaza que la actual manipulación informativa representa para una  democracia local que se aproxima a niveles mínimos de calidad. Es importante recordar el hecho, no por evidente menos escandaloso, de que bien la autocensura o bien una más o menos sutil censura funciona en el grupo vocento, en verdad terminal informativa de unos conglomerados empresariales cuya prioridad no es la verdad sino la cartera de negocios y la cuenta de resultados, de la manita del poder político. ¿Acaso  interesa mas a los  ciudadanos las practicas poéticas del señor Aganzo o la opinión partidista  del Señor Foces, que, por ejemplo, en la Comisión de investigación del asunto Zambrana, los propios funcionarios municipales con dignidad y valentía identifiquen “el urbanismo de garrafón”, “el urbanismo de los indiferentes” o la implantación de oficinas paralelas al Servicio de Planeamiento y Gestión para la tramitación de expedientes “seleccionados”?

La corrupción se inicia con la exclusión de la participación ciudadana. Es esa exclusión la que crea entre la ciudadanía modos y usos, costumbres e inclinaciones desfavorables e indeseables. Nos hemos vuelto políticamente ineptos, haciendo degenerar los modos de la ciudad. La corrupción consiste en la ausencia de igualdad cívica, en la ausencia de equilibrio. De hecho la participación en lo público enseña a los ciudadanos el profundo vínculo que une el bien común y la libertad con la defensa “apropiada” de los intereses de cada uno. Es siendo ciudadanos servidores del bien común como mejor se defienden los intereses privados. Además, esa participación nos enseña igualmente mediante la disciplina de lo público a ser menos torpes políticamente, a no ser fácilmente engañados, a no confundir nuestros verdaderos intereses con aquellos aparentes, a mejorar nuestra visión del mundo, a contemplarlo con realismo y sin ingenuidades; en una palabra a ser políticamente más capaces y virtuosos. Y podemos empezar ya, entrando en la página web de la Federación de asociaciones vecinales de Valladolid, y  analizando si el plan electoral de obras que se acaba de sacar de la manga la Administración municipal, responde a las demandas vecinales reales y las prioridades objetivas o es solo ornamentación municipal para volvernos a engañar.

La ciudad, y por ende la Comunidad y el Estado que deseamos cada vez más gente es fuente de excelencia civica, de leyes adecuadas y ordenes políticos estables y flexibles. Y en ella conviven el respeto a las prácticas democráticas, la capacidad de convencimiento por la palabra, la posibilidad de la comunicación pública, la creación de contextos interactivos de decisión, transparencia total e información real. Deseamos una sociedad no corrupta, donde el reconocimiento de la autoridad o la generación de hábitos de interacción publica, dependan del sentido cívico y de la obediencia de las leyes de convivencia. E, igualmente, de unas disposiciones institucionales pensadas en directa relación  con las necesidades de la educación cívica ciudadana. La mezcla garantiza el equilibrio y al huir de las formas puras tradicionales pestíferas y perversas que asolan la ciudad, y por ende a la Comunidad y al Estado, los legisladores prudentes construirán un régimen más firme y más estable, pues así cada poder controla a los otros.

Martin Luther King decía magistralmente que hay una conducta más escandalosa que la de los malvados y es el silencio de los hombres “buenos” que callan y miran para otro lado sin protestar de las maldades. Hay que levantar  a los que se quedan sentados en la cuneta, viendo pasar la historia con sus chirimbolos y sus ilusorias banderitas. Sin sentar cátedra, desde  el respeto, ofreciendo lo que vemos y pensamos, por si les sirve, pero cada uno tiene que mirar con sus propios ojos. Y a mirar con los propios ojos se aprende en la infancia. Hay que empezar por la educación infantil para que las siguientes generaciones sean mejores que la de hoy. Nada cortoplacista. Y sin embargo imprescindible. Tan imprescindible como garantizar hoy que los niños de nuestra ciudad no pasen hambre.

Tener derecho es tener potencia. Contra el miedo tenemos que saber que los ciudadanos somos los protagonistas de la acción política. Estamos muchos, desde muy diferentes ámbitos, iniciando una operación de desescombro. La calidad de la democracia se calibra mejor a partir de lo que se echa en falta y demanda ser repuesto, reparado o completado, a partir de lo que provoca indignación y rechazo y necesita ser evitado o rectificado. Así que la aspiración es prevenir su subversión. Aspiramos a delimitar los umbrales de una democracia decente. Pero no habrá democracia valiosa sin demócratas convencidos y consecuentes. La resistencia ciudadana a la manipulación, a la amenaza y a la violencia está vinculada a la ausencia de corrupción y por tanto  a una sociedad civil  y libre, y esa forma cívica es a la que debemos aspirar. Y desde luego, podemos y debemos.

 

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