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Una imagen de uno de los partidos disputados esta temporada. Foto: CB Valladolid
Una imagen de uno de los partidos disputados esta temporada. Foto: CB Valladolid

Y colorín colorado, el cuento del CB Valladolid se ha acabado

Javier León de la Riva ha ocultado el máximo tiempo posible los oscuros tejemanejes que rodeaban a la principal institución de baloncesto de Valladolid, gestionada en la luz por presidentes títeres o irresponsables y en la sombra por colegas de partido
Alberto Blanco Paredes
Valladolid (del blog La Buhardilla de Álber)

El 23 de junio de 2015 puede ya considerarse como fecha histórica para el deporte vallisoletano. Aunque los datos se habían ido conociendo desde hacía varios días, el alcalde Óscar Puente y el Concejal  de Deportes, Alberto Bustos, ofrecieron la rueda de prensa que puso punto y final a la opacidad del Ayuntamiento de Valladolid respecto al histórico club de baloncesto de la ciudad. La comparecencia en la que por fin representantes municipales dieron explicaciones a la opinión pública sobre la funesta situación del CB Valladolid. La conferencia en la que alguien del Consistorio de una vez por todas confesó delante de micrófonos y cámaras que el Ayuntamiento de Valladolid llevaba muchos años contando un cuento surrealista e increíble a la ciudadanía en la persona de su sempiterno alcalde, Javier León de la Riva, que sin embargo eligió dejar de ser narrador en primera persona durante los dos últimos años.

Ahora, ya con León de la Riva y su anterior equipo de gobierno fuera de circulación, se empiezan a desentrañar los detalles de la alucinante historieta que año tras año se nos iba relatando. No es momento de tirar de oportunismo, pero algunos llevábamos años denunciando la culpabilidad de De la Riva, especialmente in vigilando, en la generación y falta de sanación de la terminal enfermedad que aquejaba el club, mientras gran parte del entorno se seguía empeñando en considerar al ya exalcalde como el benefactor, protector y salvador del club (remito a mis artículos “El reparto de culpas en el CB Valladolid”, “Las víctimas de la guerra fría en el CB Valladolid” y sobre todo por su antigüedad “El Ayuntamiento vuelve a coger las riendas del caballo desbocado“).

El alcalde de Valladolid, Óscar Puente y el concejal de Deportes, Alberto Bustos, explican la situación del CB Valladolid.

Algunos siguen insistiendo en esa idea, culpando únicamente a los distintos directivos que han ido desfilando por las oficinas de Pisuerga. No hay duda de que estos han sido ejecutores de la barbarie y por lo tanto también corresponsables del crimen, pero opino que aquellos que traten de reducir la responsabilidad de De la Riva están profundamente equivocados. También he de decir que, pese a ello, me merecen más respeto que quienes han aprovechado este momento para iniciar una agresiva cruzada contra el exmandatario, tirándose de los cabellos, escandalizados ante el destape de datos e informaciones, cuando han permanecido muchos años prácticamente callados ante la evidente desvergüenza de este gravísimo asunto, perpetrada por el anterior gobierno de la ciudad.

Puede que en los inicios de toda esta truculenta historia, de este enorme cuento, hubiese algo de romanticismo en la actitud del polémico exregidor, que realmente quisiera proteger su deporte favorito y al club que lo representaba en su ciudad. Pero con el paso de los años su único interés era salvarse del escándalo, ocultar el máximo tiempo posible los oscuros tejemanejes que rodeaban a la principal institución de baloncesto de Valladolid, gestionada en la luz por presidentes títeres o irresponsables y en la sombra por colegas de partido y por él mismo.

Entre todos mataron al Club Baloncesto Valladolid y él sólo se murió. O, mejor dicho, se morirá, aunque todavía nadie sabe exactamente cómo. Sunil Bhardwaj, actual presidente de su Consejo de Administración, aún no se ha pronunciado sobre la posible disolución, porque considera que es el Ayuntamiento, como dueño de la empresa, quien ha de tomar la determinación. Hay que aclarar en este punto que la propiedad de la entidad sigue sin ser aclarada, pero en mi opinión no hace falta, porque resulta notorio que el empresario real ha sido durante muchos años el propio Ayuntamiento. El propio grupo de Izquierda Unida de Valladolid, al que pertenece Alberto Bustos, así lo señalaron en un acertado informe, aunque se trata de una realidad periodística y pública en toda la ciudad sobre la que yo mismo he hablado en muchas ocasiones.

Sin embargo, el actual alcalde y su concejal de Deportes han señalado que es Sunil quien ha de comunicar qué hace con el CB Valladolid, si tiene algún tipo de estrategia o plan para salvarlo. La intrahistoria de este punto concreto nuevamente es compleja. El Ayuntamiento tiene bastante claro desde hace una semana que la única salida es liquidar la sociedad después de ordenar convenientemente sus deudas (que ascienden a la delirante cantidad de seis millones y medio de euros) y estudiar la responsabilidad respecto al pago de las mismas que correspondería en su caso al Consistorio.

Por desgracia, estoy casi convencido de que no van a ser capaz de eludirla, pero como no puede ser de otra manera van a luchar por ello, según han anunciado, para defender el interés municipal. Mucho me temo que esos intentos jurídicos no surtirán efecto, porque es complicado sortear tantos años de decisiones municipales visibles, como por ejemplo el nombramiento a bombo y platillo de presidentes por parte del exalcalde en la propia casa consistorial o la colocación de innumerables miembros del Partido Popular en la directiva del club. Sin ir más lejos, hasta que las recientes elecciones cambiaron el paisaje del Ayuntamiento vallisoletano, dos de los tres patronos de la Fundación Baloncesto Valladolid, propietaria formal del club, eran concejales del PP. Como decía, demasiado visible, excesivamente evidente. Pero mientras todo eso pasa, el CB Valladolid continuará con su penosa agonía hasta que el baloncesto vallisoletano se quede definitivamente huérfano. ¿Sin remedio?

Aquí llega una parte nueva del cuento, ya no diseñada por Javier León De la Riva, y que amenaza con competir en nivel de fabulosidad con todo lo anterior. Sunil Bhardwaj tiene intención de fundar un nuevo club para aglutinar en él a la cantera del aún vivo CB Valladolid y de realizar una serie de movimientos para poder mantener los derechos de ACB, algo que sólo podría suceder según sus propias palabras manteniendo el CIF, es decir, la sociedad, en una especie de estado letárgico.

¿Intervención de hadas, magos, hechiceros o incluso brujas en el cuento morado? Es una estrategia muy enrevesada que tiene pocos visos de salir bien, porque ahora mismo el Club Baloncesto Valladolid se encuentra en causa de disolución, como ha recordado Óscar Puente. Además, está ya en marcha un nuevo proyecto encabezado por Mike Hansen, llamado CB Ciudad de Valladolid, muy bien acogido por el castigado círculo más cercano al baloncesto pucelano, y a priori parece muy difícil que ambas propuestas convivan. En cualquier caso, el marrón que tiene encima de la mesa Alberto Bustos para cuadrar las diferentes reivindicaciones de los clubes vallisoletanos, ya no sólo de baloncesto sino también de balonmano, en cuanto a uso de pabellones municipales por parte de los mismos, es bastante importante.

Por todo ello, lo previsible es que el cuento que León de la Riva inventó para los niños acabe pareciéndose más a una tétrica historia de terror con tintes trágicos. Todo apunta a que la propia ley, el monstruo del cuento, acabará abriéndose paso por el bosque endemoniado y se lleve por delante a la entidad, como ha apuntado Óscar Puente. Que será un juez quien liquide la sociedad ante el incumplimiento de las obligaciones que en su día contrajo tras salir del concurso de acreedores. Sin embargo, este proceso no será inmediato, sino que se alargará bastante en el tiempo. Mientras tanto, el CB Valladolid seguirá existiendo aunque sin equipo profesional que compita en categoría alguna y, en ese compás, Sunil intentará poner en práctica su hechizo.

Por de pronto, el Ayuntamiento ya ha dado el paso necesario para que esa desaparición se produzca, negando todo tipo de ayudas al club. El descubrimiento de diferentes embargos que ascienden a casi 900.000 euros, ya famosos y que forman parte de los anales del tremendo esperpento, atan totalmente al Consistorio. En la rueda de prensa se mostraron escaneados los documentos originales de esas notificaciones de embargo. De modo que, por si alguien le quedaba alguna duda, aquí no hay trampa ni cartón. Como decimos recurrentemente por estos lares cuando no sabemos muy bien qué hacer ante la contundencia de una situación, “esto es lo que hay”.

Puente se ha cansado de repetir estos días una frase muy cierta. No es cuestión de voluntad, sino de posibilidad. No es que el Ayuntamiento no quiera salvar al club, sino que no puede. Cualquier cantidad que diera iría directamente a satisfacer esas deudas. Lo más escandaloso de todo es que el anterior equipo de gobierno conocía esta circunstancia desde diciembre de 2013. Año y medio de ocultaciones, de mentiras, de “no quiero hablar de baloncesto”, de “el Ayuntamiento no tiene nada que ver con el CB Valladolid”, de “sólo es propietario en un 1,6%”, frases escuchadas hasta la saciedad procedentes de los labios del propio León de la Riva y del antiguo Concejal de Deportes, Alfredo Blanco, que también puso su parte importante de imaginación a la hora de elaborar el magnífico cuento, tan colosal como la mentira que encerraba.

No obstante, el grupo municipal del Partido Popular en el Ayuntamiento de Valladolid, ahora en la oposición, se aferra al surrealismo con uñas y dientes. Por si su cuento no hubiera tenido ya bastantes avatares tragicómicos, señalan ahora los populares en un comunicado que el gobierno presidido por Óscar Puente no puede rendirse a las primeras de cambio, sino que ha de promover”vías de estudio” para salvar al CB Valladolid. Aseguran que, de no hacerlo así, los apoyos que durante años se hicieron para rebajar la deuda inicial y consolidar al club, “quedarían en nada”. Esta afirmación ya de por sí merecería recibir algún tipo de premio al cinismo.

Sin embargo, el colmo de la burla llega cuando el grupo que ya no cuenta con León de la Riva como líder se atribuye una gran transparencia a la hora de gestionar la información sobre la entidad morada, rechazando el oscurantismo del que se les acusa ahora, ya que, aseguran, tanto el actual alcalde como su concejal de deportes recibieron continuamente los datos sobre la situación. Si no fuera por lo serio y triste que es el tema – hablamos de un club deportivo histórico y referente en Valladolid que va a ser fulminado sin remedio por la desastrosa gestión que comandaron las mismas personas que ahora se jactan de haber sido transparentes-, el comunicado merecería recibir un Oscar al mejor guión cómico, pues es toda una oda al humor lisérgico. O bien debería ser transformado en un sainete esperpéntico. Seguro que triunfaría.

En cualquier caso, dejando de lado trabas, embargos, chistes, ocultaciones e intrigas dignas de formar parte de una novela o de un capítulo de Expediente X, lo cierto es que salvar al club por enésima vez, en el caso de que legalmente existiese alguna opción, hubiera sido probablemente remar para morir en la orilla. Llevaba herido de muerte demasiados años, siempre con De la Riva al frente, y este último lo sabía perfectamente. Por mucho que los románticos de este viejo club maltratado que nos han robado de las manos queramos que siga subsistiendo, hay que ser realista y bajar a la fría tierra. La deuda es enorme, gigantesca tratándose de un humilde club de baloncesto que ni siquiera milita actualmente en la Liga ACB.

Despedida de los jugadores tras un encuentro. Foto: zonadostres.com

Estas malditas siglas, que representan la codicia de muchos, las ansias de poder de otros, el deseo pueril de unos cuantos, el recuerdo para la mayoría, la nostalgia y la añoranza para todos. Del cuento sólo quedarán las migajas, la memoria residual. Ella nos trasladará a un contraataque de Lalo, a un gancho de Sabonis, al triple imposible de Óscar, al alley-oop entre Cabrera y Nate Davis, a un mate de Fetissov desde el tiro libre, a un rebote ofensivo de Sergio de la Fuente, a la canasta salvadora de Román Montañez, a un movimiento de Nacho Martín desde el poste, a un pase del Gordo Williams desde el otro lado de la cancha, a un robo de balón de Van Lacke, a una asistencia de Dumas, a los play-offs de Gustavo Aranzana, a unas semifinales de la Korac, a las piruetas de Tripitongo, a los cánticos de Pucelaikos, a una rueda de prensa de Porfi, a una sonrisa de Roberto González junto a Saúl Asensio, al morado en el corazón de unos niños que deseaban llegar a lo más alto, a la fundación de la ACB.

Porque ahora mismo se antoja dificilísimo, casi imposible, que esas siglas y Valladolid vuelvan a estar asociados. La única remota posibilidad, aun así complicada, pasaba por la supervivencia del Club Baloncesto Valladolid, debido a las elitistas exigencias económicas que se imponen para acceder al selecto club desde la asociación con sede en Barcelona. El Autocid Ford Burgos es el más claro ejemplo de imposibilidad, del querer y no poder. Y tiene una estructura y una trayectoria infinitamente más consolidada de la que tendrá en unos cuantos años el nuevo club que se pueda crear.

Así que en esta ciudad podemos decir desde ya prácticamente adiós al sueño del baloncesto de élite, a la realidad que algunos vivimos desde antes que nos salieran los dientes de leche, al objetivo que se convirtió en quimera, después en utopía y finalmente en una mentira adornada con la forma de un bonito cuento. Como si el inefable Javier León de la Riva se hubiera metamorfoseado en la persona de Jesús Cifuentes, cantante de Celtas Cortos (el grupo vallisoletano de música más representativo y que estuvo vetado en su propia ciudad, no lo olvidemos, por el exalcalde, durante un porrón de años) y hubiera conseguido mediante una pócima secreta que todos los vallisoletanos le cantásemos a coro aquella estrofa mítica que rezaba “cuéntame un cuento y verás que contento, me voy a la cama y tengo lindos sueños”.

Pero hay que recordar que en algún momento de la mítica canción se dice “colorín colorado, este cuento se ha acabado”. Algunos se han despertado sobresaltados, los más dormilones aún ni siquiera han tenido tiempo de desperezarse, los más madrugadores llevaban unas cuantas horas levantados esperando que la radio escupiera la temida noticia y los más nerviosos, los que se bloquean, los que siempre se quedan a medias entre la acción y la omisión, han vivido permanentemente en un duermevela. Y en esa vigilia peligrosa estaba la amenazadora figura de León de la Riva, el cuentacuentos, erigiéndose tétrico encima de la cabecera, proyectándose como un holograma de otro tiempo sobre la pared, esbozando una sonrisa irónica. Porque en el fondo sabe que el malo del cuento siempre fue él.

 
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